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Por razones comerciales, la mayoría de los vinos se embotellan a poco de terminar el proceso de fermentación.
Algunos, como el Beaujolais, cuentan con la predilección de los bebedores que aspiran a ser elegantes, aunque sólo tengan unas pocas semanas de edad. Sin embargo, a todos los vinos les beneficia tener un lapso de maduración, aunque sea breve. El tiempo de crianza de un vino, antes de embotellarlo, o dentro de la botella, depende de su capacidad de mejorar. Como regla general puede decirse que, cuanto más fino sea el vino, mayor es el tiempo que hay que dejarlo madurar, si bien existen gran variedad de tiempos de un vino a otro y de una cosecha a otra.
En los cháteaux de Burdeos, no se embotella ningún tipo de vinos hasta que no haya madurado dos años en barril. Se da por sentado que ése es el tiempo para que se manifiesten los elementos de un buen vino, generando las características propias de su estilo particular. Los efectos de la madera de roble del barril en que se añeja el vino y su mayor exposición al oxígeno -del que carece al ser embotellado-, permiten obtener un vino más complejo, sutil, y satisfactorio que otro embotellado a las seis semanas de su fermentación total.
Tiempo de Maduración
El vino necesita tiempo por muchas razones. Algunos, como el Oporto, maduran en barriles hechos en madera de roble, hechos con métodos antiquísimos. El vino nuevo se pone en barricas nuevas. El borgoña, pasa mucho menos tiempo en la madera, pero lo aprovecha mejor, porque queda en contacto con una pequeña cantidad de oxígeno. El Champagne, se embotella antes de concluir su fermentación secundaria, y se lo almacena cabeza abajo hasta que el proceso se completa. Otros vinos pasan a cadenas embotelladoras al cabo de pocas semanas, mientras que el Valdepeñas se hace fermentar en tinas de barro que permiten la entrada de oxígeno.
Decantación
Algunos vinos añejos, al madurar, hacen precipitar ciertos sedimentos, cosa bastante natural, pero en estos casos hay que dejarlos asentar y luego decantarlos, dejando un poquito de vino en la botella, junto con el sedimento, para que el resto esté limpio y traslúcido al servirlo. Por regla general los vinos blancos se beben mucho mas jóvenes que los tintos, por lo que es raro que precisen decantación. Suelen ser los tintos como el clarete, el borgoña y el oporto, los que necesitan pasar por ese procedimiento. El equipo necesario, además del sacacorchos, consiste en un botellón de decantación de cristal claro, una vela y un vaso. Es evidente que también se requiere un buen pulso. Tras asegurarse de que los hombros de la botella están lo bastante limpios para poder ver a través de ellos, se toma ésta con la mano derecha y el decantador en la izquierda; sosteniendo la botella con el cuello sobre la vela encendida, se empieza a trasegar el líquido, vigilando cuando el sedimento empiece a ascender hacia los hombros y el gollete. Al llegar a este punto se detiene el trasiego. Algunos tintos, como el barolo del norte de Italia, precisan decantación aunque no tengan sedimento porque este proceso los ventila y les hace desprender su "bouquet".
Temperatura para Servir el Vino
La lista siguiente es una sencilla guía para servir la mayoría de los vinos:
5º - 7°C Vinos espumosos y blancos dulces.
8º - 11°C Alsacia, Chablis y blanco seco ordinario; rosados; Jerez seco.
12° - 13°C Otros de Jerez; tintos ligeros; Oporto blanco.
14° - 17°C Casi todos los tintos; Oporto Madeira; Borgoña blanco fino.
17° - 19°C Los tintos más finos; Burdeos, Hermitage de Borgoña, barolo etc.
Cómo Servir el Vino
Lo primero y más importante es comprobar que el vino que se va a servir ha estado correctamente almacenado y se encuentra en buenas condiciones. Siempre hay que planear las cosas por anticipado y darle tiempo para enfriarlo o decantarlo, según sea el caso. Aunque son pocos los vinos que necesitan decantación, a muchos les hace bien "respirar" un rato antes de beberlos. El "equipo" necesario para servir vino es muy simple: un sacacorchos y los vasos o copas adecuados. Puede haber otros detalles o piezas que hagan más nutrido el servicio, pero ninguno de ellos es imprescindible.
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