Borgoña
La antigua provincia de Borgoña, comprende seis distritos viníferos bastante diferenciados. En el noroeste, Chablis, se encuentra separada unos ochenta o noventa kilómetros del resto de los viñedos borgoñeses. La Cote de Nuits y la Cote de Beaune forman un cinturón ininterrumpido entre Dijon y Changy; luego viene la Chlonaise, pequeña y fragmentada, a la que siguen los distritos más extensos, Maconnais y Beaujolais. Algunos de los grandes nombres de vinos provienen de la zona situada al oeste de la N6, entre Macón y Lyon.
ÁREA DE PRODUCCIÓN
Algunos de los mejores vinos del mundo proceden de la región de Borgoña. La principal zona de producción es el valle del rio Saona entre Tournus y Villefranche. Pero los mejores vinos son los de la Cote d'Or (Costa de Oro), que se extiende de Cahgny a Dijon, un poco al noroeste del Saona. Chablis está a unos 80 km. al noroeste de Beaune. Entre ambos distritos no hay producción importante de vinos. Chablis está dedicada exclusivamente a los blancos, pero en todo el resto de la Borgoña suelen superponerse las zonas de blancos y tintos.
CONTROL DE CALIDAD
Después de la promulgación de las leyes que obligan a caracterizar los vinos exclusivamente por el nombre del lugar en el que se elaboran, muchas ciudades trataron de superar las dificultades derivadas añadiendo el nombre de su mayor viñedo. Así fue como el pueblo de Gevrey-Chmbertin, Chassagne se hizo Chassagne-Montrachet y Nuits se convirtió en Nuits-Saint-Georges. Es de lamentar que estas asociaciones con los grandes nombres, aunque hayan contribuido a vender mucho vino, no haya hecho que el contenido de las botellas estuviera siempre a la altura de la denominación.
A causa de todas estas dificultades, y en particular de la disparidad de los vinos producidos por distintos vinicultores del mismo viñedo, ha habido que recurrir a la mezcla para producir vinos reconocibles y con personalidad.
Las Appellations Contrólées de Borgoña garantizan que la calidad de los vinos mezclados se mantiene en un alto nivel, pero el sistema de clasificación dentro de cada denominación (hay mas de cien) no es oficial.
Para distinguir entre los vinos finos y los de calidad media, bastaría con poder conocer los nombres de cada viñedo. Las etiquetas de las botellas borgoñonas, lamentablemente, a veces son de muy poca ayuda, y es una ventaja considerable para buscar los vinos finos, conocer los nombres de los cultivadores.
En medio de estas complejidades, muy bien podría perderse de vista el hecho de que Borgoña es en verdad, una de las mejores regiones viníferas del mundo. Su producción es bastante reducida -menos de la mitad de Burdeos- y los vinos finos alcanzan precios astronómicos apenas se los embotella. Aún así, es de excelente calidad un altísimo porcentaje del que se elabora.
A muchos bebedores experimentados, nadie les disuadirá de que los Borgoñas blancos, son los más finos blancos secos. Los tintos, por su lado, tienen un cuerpo y un equilibrio que se van manifestando suavemente. Un Borgoña tinto maduro, procedente de alguno de los mejores viñedos, tiene un aplomo perfecto, como si todos los elementos que lo componen se mantuvieran con absoluta facilidad en su equilibrio perfecto. Beber uno de ellos puede resultar una experiencia maravillosa. Los amantes del buen vino discutirán toda la vida los méritos relativos al Borgoña y el Burdeos, tratando de dirimir cuál el tinto más fino del mundo, pero no hay manera de establecer un orden de calidad. Limitémonos a disfrutar de ambos, por los placeres diferentes que son capaces de proporcionar.
Borgoña y su Cocina
Asociar la región de borgoña con la cocina, y con el vino, parece algo natural e inevitable. De ahí proceden la mejor carne de ave, de caza y de vacuno, y los mejores productos lácteos de Francia. Los restaurantes de ciudades como Dijon, Villefranche, y Lyon tienen reputación internacional por su comida regional. La variedad de vinos desde el chablis, en el norte, hasta el beaujolais en el sur, sirven para acompañar cualquier plato. Lo tradicional es servir los platos de pescado con un buen Borgoña blanco, quizás un chablis o leí Pouilly-Fuissé, pero los grandes blancos borgoñeses, si se tiene la suerte de conseguirlos, quedan mejor sin acompañar a ninguna comida. Lo mismo decir de los tintos mas finos, aunque nada puede objetarse al beber un Chambolle-Musigny, Premier cru Beaune, Fixin, o Gevrey-Chambertin con las mejores carnes rojas y de caza. Pero lo más sensato, en términos generales, es buscar los vinos menos costosos de Chalonnais y de Maconnais para la mesa cotidiana.
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